¿Qué tal si hoy descubres que tienes un poder enorme… y lo estás usando en tu contra?
Mi camino me ha llevado a transitar por diferentes sendas, casas espirituales y escuelas del pensamiento. No puedo definirme como un buscador, porque tengo la profunda certeza de que no hay nada que buscar: todo ya está a nuestro alcance. Solo debemos aprender a percibirlo, expandir nuestra visión y desarrollar más conciencia.
Amo esos conmovedores videos donde un niño que recibe un implante auditivo escucha la voz de su mamá por primera vez. Me atrevo a usar esa escena como una metáfora de nosotros mismos: el ser humano, infinito y lleno de dones, pero muchas veces ciego y sordo a su propia naturaleza.
Desde temprana edad he sido un observador del mundo y un participante activo en la creación de mi propia vida. En grandes tramos lo hice de manera consciente, y en otros tantos desde cierta oscuridad o penumbra. Lo cual no significa que desde allí no se esté creando algo; aun en la inconsciencia seguimos participando en el acto de crear.
Fue recién cuando me vine a residir en Montevideo, Uruguay, a la edad de 27 años, que comencé a trabajar con más ahínco sobre el poder creador innato a nuestra naturaleza humana.
En ese entonces conocí a mi gran amigo y hermano de camino, Fabián Core, con quien transformamos nuestras conversaciones en un verdadero laboratorio de trabajo interior y superación personal.
Nos cuestionamos profundamente cómo habíamos llegado a determinadas circunstancias de éxito o de fracaso, y qué factores intrínsecos a nuestro poder creador habían desatado o generado esas situaciones. Tanto fue así que nos embarcamos en carreras de formación personal en Coaching, PNL y otras disciplinas que abordan la comunicación y el impacto del lenguaje en la vida humana.
Yo continué investigando otras áreas, como la bio-decodificación, formándome en esta disciplina y comprendiendo aún más aspectos de nosotros mismos que traen luz a preguntas que antes parecían no tener respuesta.
El poder del lenguaje es lo que abordaré hoy desde una hermosa reflexión que surge de una inquietud nacida en la escuela de la Cábala, de la cual soy apenas un neófito apasionado.
Seguramente habrás escuchado o dicho cuando eras niño la palabra que muchos magos o actores del misterio repetían:
ABRACADABRA.
Todo inicia aquí para este artículo, con lo que vamos a traducir desde lo más profundo de su etimología.
El origen de este término se remonta a explicaciones que lo vinculan con el arameo, una lengua muy cercana al hebreo antiguo. La frase sería:
אברא כדברא
Transliterada como:
Avra ke-davra
Lo que comúnmente se interpreta como:
“Crearé mientras hablo.”
o
“Yo creo según lo que digo.”
Quiero aclarar que esta interpretación forma parte de mi investigación personal. Como neófito en la Cábala, y con herramientas aún humildes, me valgo de textos y traductores asistidos por inteligencia artificial. Por tanto, esta referencia funciona como un marco para compartir la idea que deseo transmitir.
Si podemos vislumbrar que mientras hablamos creamos, entonces podemos empezar a comprender la profundidad del lenguaje en nuestras vidas.
Los grandes maestros contemporáneos parecen coincidir con esta intuición antigua.
Por ejemplo, Rafael Echeverría, desde la Ontología del Lenguaje, afirma:
“El lenguaje es generativo.
El lenguaje no solo describe la realidad: el lenguaje crea realidad. Cuando hacemos declaraciones, no hablamos acerca del mundo; generamos un nuevo mundo para nosotros.”
Desde otra perspectiva, Timothy Gallwey, creador del método El Juego Interior, señala algo muy interesante sobre el diálogo interno:
“La mayor parte de los jugadores están siempre hablando consigo mismos. El diálogo interno —el Yo 1 hablando al Yo 2— es la interferencia que se interpone entre el potencial de una persona y su desempeño real.”
Tony Robbins, autor y experto en PNL y alto desempeño, lo expresa desde otro ángulo:
“La única diferencia entre las personas que logran lo que quieren y las que no, es la historia que se cuentan a sí mismas. Cambia tu historia, cambia tu vida.”
Desde una mirada profundamente humana, Humberto Maturana, con su Biología del Conocimiento, nos invita a comprender algo aún más radical:
“Todo vivir humano ocurre en el lenguaje. No somos seres humanos que usan el lenguaje; somos seres humanos constituidos por el lenguaje.”
Y cierro este pequeño grimorio de conceptos con otro gigante del coaching, Julio Olalla, quien resume esta idea con una frase tan simple como poderosa:
“La palabra es el pincel con el que pintamos el lienzo de nuestra existencia.”
Desde que por primera vez nos percibimos como seres que interactúan con otros, el acto de crear nuestra realidad ha sido un cuestionamiento filosófico, espiritual y profundamente humano.
En mis observaciones dentro del campo terapéutico de la PNL, así como en el trabajo conversacional del coaching, encuentro esos matices que hacen de la palabra —o incluso de su ausencia— una herramienta de transformación casi alquímica que nos diferencia del resto de las especies.
Las reflexiones que quiero compartir contigo, querido lector, estarán planteadas en forma de preguntas. Con suerte, te generarán aún más preguntas.
Si Avra ke Davra, ya en tiempos muy antiguos, era una observación de que con nuestra palabra incidimos sobre un campo latente —invisible, pero capaz de generar acontecimientos en nuestra vida y en la de otros— entonces vale preguntarnos:
¿Con cuánta liviandad utilizamos nuestras palabras sin estar atentos a que el lenguaje es generativo?
¿Cuántas veces afirmas en tu vida circunstancias pasajeras y las anclas como realidades fijas simplemente porque con tu palabra las decretas como tales?
Si la palanca de Arquímedes que mueve el mundo fuera la palabra,
¿Cómo estás utilizando hoy esa herramienta en tu vida?
¿Crea más gozo, felicidad y expansión para ti y para otros?
¿O la utilizas para la crítica, la destrucción, la intriga y el chisme?
La palabra tiene tanto poder que puede traer la paz o la guerra, la salud o la enfermedad.
El milagro más grande es que desde ese silencio primordial que habita en nuestro ser, desde sus profundidades, surge la palabra como potencia creadora que declara:
“Hágase la luz.”
Entonces vale preguntarnos nuevamente:
¿Haces la luz con tus declaraciones y afirmaciones?
¿Cómo es el diálogo interno que tienes contigo mismo?
Émile Coué nos dejó una afirmación que quedó grabada en piedra para quienes comprendemos el poder de lo que nos decimos a diario:
“Cada día, y en todos los sentidos, estoy mejor y mejor.”
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Y estate atento a nuestro sitio, porque en la segunda parte compartiré:
Ejercicios prácticos para disciplinar la palabra y dominar el arte de crear desde la conciencia.