La Herencia de las Mujeres de Hierro: Lecciones de Resiliencia en el Barro.

La Herencia de las Mujeres de Hierro: Lecciones de Resiliencia en el Barro.

Junto a mi Tía Lucia una de mis grandes Mentoras

Tira de la piola, que todavía hay alcohol para las patas

Hitos de la vida que te marcan a fuego.

Quería compartirles este recuerdo que me vino hoy a la memoria, sobre todo para los que estamos en el «maracueto» de la vida, definiendo el partido por penales.

En mi vida rural la escuela más importante fue con tres grandes Maestras, mi madre Nelida, mi abuena “la Negra”, y la tía Lucía (La «portadora de la luz», así la defino en esos días), una mujer de un metro cincuenta que, a mí, con mi metro ochenta y cuatro, me seguía diciendo «chiquito». Una guerrera de las que ya hay pocas.

En una ocasión, con la abuela internada y mamá acompañándola, tendría yo unos 14 años y algo, nos quedamos solos la tía y yo en el campo a cargo de la casa y los animales, la tropa era una vaca y un ternero. Se nos cayó la Bambita (nuestra vaca) a la cañada, fue una fría noche de invierno. Pasó toda la noche ahí, encallada en el barro, con el frío calándole los huesos y desgastada por el poco pasto que había en el campo y el ternero dándole teta hasta dejarla seca. Cualquiera que se asomara a la orilla hubiera dicho: «Ya está, esta no se levanta más».

Pero la tía Lucía no sabía de imposibles, vamos me dijo y arrancamos para la cañada a paso firme entre las chircas.

Se metió al barro conmigo. Me acuerdo de verla, con sus manos viejas pero firmes, dándole masajes con alcohol en las patas a la Bambita para que entrara en calor, para recordarle a la sangre que tenía que circular. Después nos repartimos el peso: ella se agarró de la cola y yo de una piola que le atamos, y empezamos a tirar.

Éramos una vieja y un pibe contra los cientos de kilos de un animal entregado. Tiramos con el alma, tiramos con la rabia de los que no aceptan un «no» por respuesta. Y la Bambita, sintiendo el calor del alcohol y el tirón de la familia, hizo fuerza y salió de la cañada. Esa tarde, la vaca que todos los vecinos daban por muerta y que sin un tractor no la íbamos a poder sacar, volvió a caminar.

¿Por qué recuerdo esto hoy?

Porque a veces la vida se pone como esa cañada: fría, oscura y con la sensación de que las patas no nos sostienen. Pero he aprendido que mientras haya alguien que nos frote alcohol (que acompañe y crea en nosotros) para activarnos la fe y alguien que tire de la piola con voluntad y con fuerza, el partido no terminó.

Mi experiencia de vida siempre me forjo por el lugar del aprendizaje difícil, pero tengo la suerte de saber que algunos han estado y están frotando el alcohol simbólicamente con el rezo y el pensamiento, y otros continúan agarrados de la piola haciendo fuerza para que al igual que Bambita, la potencia de la vida nos lleve hacia adelante.

Esas «viejas queridas» sabias y camperas de la vida, me han enseñado que rendirse no debería estar en las opciones del menú jamás para nadie.

En mi familia aprendimos de esas mujeres de hierro que la nobleza está en luchar hasta el final.

Esta es el tipo de clase Magistral que la vida te regala de forma inesperada un día a la orilla del arroyo .

También se con total certeza que en todos los clanes hay mujeres y hombres de ese calibre, así que querido lector  si podés verlo como yo, te invito a tomar la fuerza y luz que te impulsa desde el clan.

Y te digo …tranquilo, que en allí hay manos de sobra y la piola no se corta.

 

Mauricio Serrato

Montevideo 14 04 2026

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Sobre el autor

M.Serrato administrator

Coach Ontológico Profesional, Miembro Fundador de la ACOP, Master Trainer en Programación Neurolingüística, Facilitador de procesos de Cambio Con EFT y Tapping, De-Codificador Biológico Profesional .