Archivo mensual 9 septiembre, 2026

EL MALDITO HÁBITO DE FILOSOFAR

Pareciera no tener sentido el ejercicio de la reflexión, o de profundizar sobre un tema en particular, sin herir alguna sensibilidad. El cuerpo de los ofendidos parece acrecentarse cuando se busca ahondar en conceptos ya trillados pero aún no muy esclarecidos.

He escuchado que «todas las verdades son semi verdades». Sin embargo, la verdad de un individuo no necesariamente puede ser un componente principal de la estructura del pensamiento constructivo. Alguien podría afirmar que no hay nada más delicioso que la carne humana, y aunque esta fuera «su verdad», tendría implicancias éticas y morales que rompen la estructura del modelo en el cual se basa la evolución.

La liviandad de juicio y una vida superficial. Las redes, los algoritmos y la meta-programación cognitiva mediante series, películas, el cine y los informativos, predisponen al individuo a no esforzarse, a buscar el placer inmediato del scroll y a no cuestionar su propia existencia.

En el campo filosófico resuena «quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos». Pero si profundizamos, podemos observar que es una laca fina que recubre una superficie bastante opaca: miles de intentos de responder esas preguntas, y todo termina en una mesa servida de complacencia.

La aceleración de la despersonalización, el e-commerce, las finanzas y el sistema económico global están desplazando al individuo del eje central para pasarlo a segundo plano. La grandeza lograda en centurias mediante el arte, la música, la arquitectura, la filosofía y las matemáticas es reemplazada por conceptos y eslóganes. El individuo es domesticado y adoctrinado: es más fácil repetir que pensar, es más fácil copiar que crear.

Pereza colectiva. Antes el individuo cortejaba a su pareja, escribía cartas, poemas; luego llegaron las llamadas telefónicas, primero desde aparatos operados por una central, después los de manija, luego los de disco. Y hoy surgen aplicaciones con un menú desplegable que ofrecen, cual estantería de supermercado, una pareja entre múltiples opciones.

La chatura cultural es decadencia vestida de seda. Hubo un debate en ámbitos culturales sobre sacar la filosofía de los institutos de enseñanza, y esto abrió el campo para la discusión. Ahora me pregunto: ¿fue realmente un debate, o un sesgo? Porque si la filosofía se encariña con la ideología, ¿es esta filosofía pura, o simplemente un confeti, un decorado para la torta de «más de lo mismo»?

El individuo pensante es peligroso, y no de un peligro de muerte, sino del peligro de contagiar a otros con esa inquietud de hacerse preguntas. Despertar no es salir del letargo: es saberse en un letargo sociocultural y procurar, por todos los medios, quitarse la venda social que aceptamos.

LA CORRUPCIÓN ESTÁ BIEN VISTA

Un día, en el campamento del cura Miguel Ángel, tomamos unas ciruelas de los cajones junto a otros compañeros. Todos recibimos una reprimenda, pero la reflexión que quedó en el aire fue: «si otros tomaron, yo también saqué para mí». Éramos niños, pero ese recuerdo siempre me trae memorias de mi primer contacto con esa falla histórica del hombre: la canallada vil.

Canallada que siguen repitiendo muchas organizaciones y agrupaciones sociales: no me juzguen a mí, yo hice esto, pero los otros también lo hicieron antes.

El delinquir auto asumido. Las plataformas de e-commerce entienden, y en cierto modo forman, delincuentes: cuando un usuario de mala fe hace mal uso de los productos y presenta un reclamo falso, tanto el vendedor como la plataforma conocen el acto, pero está contemplado como pérdida dentro del margen bruto de la ganancia.

La ignorancia está bien vista, aceptada. Son las reglas; aunque no las aceptemos, jugamos con ellas. Nadie quiere leer la etiqueta, el manual, ni cumplir ciertos requisitos: se quiere la satisfacción inmediata, y cual niño caprichoso, si se rompe algo, dice que no fue su culpa, que es culpa de otro, y hace trampa.

El truhán es victimizado por la sociedad, hasta que, de tanto repetir que «la sociedad es culpable de todos los males», el truhán se transforma en líder. ¿Y qué podemos esperar? Los ídolos no ayudan a que la gente despierte.

Despertar no es una acción externa, no le puede pasar a todo el mundo. A veces se asemeja al pasaje de la película Matrix, cuando le dan a Neo una pastilla azul y otra roja, y le piden que elija. Hay muchos individuos que conocen los movimientos de las cartas; sin embargo, prefieren la comodidad de la omisión en la ignorancia, para su propio beneficio.

REFLEXIÓN FINAL

Quizás el verdadero acto de rebeldía hoy no sea proclamar certezas, sino detenerse a observar. No para imponer dogmas ni perturbar al que duerme, sino para preservar el discernimiento; la duda honesta no busca ofender, sino rescatar el pensamiento crítico frente a la inercia de la complacencia.